El casco antiguo de Sevilla puede (y debe) recorrerse a pie. Te propongo una breve ruta que te permitirá tomar contacto con el alma de la ciudad.
Partiremos del Alcázar, que es el palacio real en uso más antiguo de Europa (el edificio original se construyó en época islámica), y ha sido declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. Pasearemos por el barrio de Santa Cruz y visitaremos el Hospital de los Venerables. Luego subiremos a la Giralda y exploraremos la catedral gótica, que presume de ser la más grande del mundo.
Pasando junto al palacio de San Telmo y la Torre del Oro, cruzaremos el río y atravesaremos el barrio de Triana, para volver al centro histórico por el puente de Triana. Terminaremos nuestro recorrido visitando la Iglesia del Salvador.
Aquí tienes el mapa de nuestra ruta a pie por Sevilla:
El Alcázar de Sevilla
El Alcázar de Sevilla es una visita imprescindible que, todo hay que decirlo, tiene un inconveniente: la masificación.
Ni se te ocurra ponerte en la cola de la taquilla, que está en el Patio de Banderas; y si lo haces, no esperes demasiado cuando compruebes que la cola no avanza: haz lo que deberías haber hecho desde el principio, que es comprar la entrada por internet. Pero cómprala en el sitio oficial, alcazarsevilla.org; no te dejes engañar por las webs que la (re)venden más cara, algunas de las cuales, por cierto, se anuncian como entradas oficiales o visita oficial para confundir a los despistados.
Todo el mundo, haya comprado la entrada por internet o en taquilla, accede al alcázar por la Puerta del León.
Lo primero que verás cuando entres al Alcázar es el Patio del Yeso, último vestigio del palacio almohade del siglo XII.
Luego accedes a la Sala de Justicia, del siglo XIV, que es la edificación mudéjar más antigua del Alcázar.
A estas alturas ya habrás comprendido que el Alcázar es un conjunto de palacios construidos en diferentes momentos históricos. El mayor y más significativo es el Palacio Mudéjar o Palacio del Rey Don Pedro, un conjunto de salas, patios y estanques que mandó construir Pedro I de Castilla en el siglo XIV.
Uno de los patios del Palacio Mudéjar es el de las Doncellas, que tiene en el centro una alberca con dos grandes arriates hundidos un metro a ambos lados. Los arriates y la alberca fueron descubiertos a comienzos de este siglo, porque habían sido tapados en el XVI con una solería de mármol.
Con el Patio de las Doncellas se comunican diversas estancias que eran accesibles para los invitados (en la planta superior solo había habitaciones privadas).
Una de las estancias comunicadas con el patio de las Doncellas es el Salón del Techo de Carlos V. Recibe ese nombre por su artesonado del siglo XVI. Pero para mí que el artesonado no es lo más llamativo de la estancia.
El Salón de Embajadores, al que también se accede desde el Patio de las Doncellas, es el más suntuoso del palacio. De planta cuadrada, está cubierto por una cúpula semiesférica dorada. Sus muros, como en otras estancias, están decorados con azulejos y yeserías.
La Alcoba Real, también llamada Dormitorio de los Reyes Moros, tiene su acceso, como las anteriores, desde el Patio de las Doncellas. Su interior está dividido en dos salas, que se comunican por tres arcos de herradura.
Los magníficos jardines del Alcázar son un elemento fundamental de éste, y hay que dedicarles el tiempo que merecen. Un lago muro los divide en dos áreas diferenciadas: a un lado los jardines primitivos y al otro la antigua zona de huertas, que fue convertida en jardines a finales del siglo XIX. El origen del muro es un lienzo de muralla almohade, que en el siglo XVII fue transformado en la Galería de Grutesco que actualmente vemos (y, por supuesto, recorremos).
El barrio de Santa Cruz y el Hospital de los Venerables
El barrio de Santa Cruz, antiguo barrio judío situado junto al Alcázar, merece ser recorrido con tranquilidad (dentro de lo posible, porque es uno de los lugares preferidos por los turistas). Piérdete en sus calles estrechas de trazado medieval. Queriendo o sin querer llegarás al Hospital de los Venerables, que está en el corazón del barrio.
El Hospital de los Venerables es un edificio barroco del siglo XVII, que sirvió como residencia de sacerdotes, y que actualmente es la sede del Centro Velázquez, dedicado al pintor.
Todavía no está invadido por las multitudes, lo que hace aún más agradable su visita.
Siento estropearte la sorpresa, pero en el Hospital de los Venerables te encontrarás con una fabulosa iglesia con pinturas murales de Valdés Leal y su hijo Lucas Valdés.
El órgano de la iglesia es moderno, pero para su construcción se adoptó una estética que no desentona con la decoración del templo.
Las pinturas que cubren la bóveda se deben a Lucas Valdés.
La escalera por la que se accede a la planta alta está cubierta por una bóveda elíptica decorada con yeserías barrocas.
En el Hospital de los Venerables está alojado el Centro Velázquez, que exhibe una pequeña exposición pictórica que gira en torno al famoso cuadro Santa Rufina. Allí pueden verse algunos cuadros del pintor y de algunos contemporáneos, como Murillo. En la sala no se pueden hacer fotografías.
La Catedral y la Giralda
La siguiente etapa de nuestra ruta son la Giralda y la catedral de Sevilla. Volvemos a estar muy acompañados por otros visitantes.
La entrada a catedral y Giralda, como la del Alcázar, puede comprarse online en la web oficial.
Lo primero que hacemos es subir a la Giralda. No hay ascensor. Tampoco escaleras. Se sube por una interminable serie de rampas. La subida es bastante más cómoda que si se hiciera por escaleras, pero creo que yo solo subiría a la Giralda en verano a punta de pistola (de hecho, el verano no es la mejor estación para visitar Sevilla).
Desde la Giralda se ven los pináculos y la techumbre de la catedral y, más allá, la ciudad de Sevilla.
Podemos ver el Alcázar, con el Patio de Banderas a su izquierda. Y a la derecha del Alcázar, el edificio del Archivo de Indias, declarado Patrimonio de la Humanidad junto con éste y la propia catedral.
Después de bajar de la Giralda entramos en la catedral.
La catedral se levantó en el siglo XV en el solar que quedó tras la demolición de la antigua mezquita mayor de Sevilla (que, en la fecha en que fue demolida, llevaba ya 150 años siendo utilizada como templo cristiano).
De la antigua mezquita se conservaron el alminar (la Giralda) y el patio de los Naranjos.
La catedral de Sevilla recibe, literalmente, millones de visitantes al año. Espero que no pienses que vas a poder hacer fotografías de un templo vacío 🙂 .
El patio de la antigua mezquita almohade aún existe, como antes dije, con el nombre de patio de los Naranjos. La que hoy llamamos puerta del Perdón daba acceso al recinto.
La puerta ha sufrido transformaciones y añadidos a lo largo de los siglos, pero se han conservado el arco apuntado de herradura y las puertas de bronce, con decoraciones que incluyen versículos del Corán.
Al salir de la catedral, tomamos el camino del Palacio de San Telmo.

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El Palacio de San Telmo
Podemos bajar hasta la Puerta de Jerez pasando por las plazas del Triunfo y la Contratación o bien tomar la Avenida de la Constitución, que está peatonalizada.
El Palacio de San Telmo, hoy sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía, es un edificio barroco construido entre los siglos XVII y XVIII.
En la fachada norte del palacio vemos doce estatuas que componen la llamada galería de los doce sevillanos ilustres (entre los que figuran Velázquez, Murillo y Bartolomé de las Casas).
El palacio ha sufrido diversas reformas desde su construcción, pero la fachada principal se conserva tal y como era en el siglo XVIII.
Del palacio original se conservan, además de la fachada principal, el patio y la capilla. Pero no es fácil visitarlo: hay que registrarse y solicitar la visita (guiada y gratuita) online o por teléfono.
La Torre del Oro y el barrio de Triana
Camino del barrio de Triana, nos acercaremos a contemplar la Torre del Oro, originalmente una torre almohade que formaba parte de las defensas de la ciudad. En el siglo XIV, a la torre se le añadió un segundo cuerpo, y un tercero en el XVIII.
Cruzamos por el puente de San Telmo la Dársena del Guadalquivir, que corresponde al antiguo cauce del río (el cual, una vez canalizado, discurre más al oeste, por fuera del casco histórico de Sevilla).
Triana es un barrio histórico, que, según la mitología, fue fundado por Hércules. Estaba separado de Sevilla por el Guadalquivir, hasta que los almohades construyeron un puente de barcas para unir los dos núcleos de población. Mucho más tarde, en el siglo XIX, el puente de barcas fue sustituido por uno de hierro: el Puente de Triana.
Caminamos desde el puente de San Telmo por la calle Betis, que discurre por la ribera del antiguo cauce del Guadalquivir. Luego pasamos a la calle Pureza, paralela a la anterior, para visitar la iglesia más antigua de Sevilla, la de Santa Ana. La iglesia de Santa Ana es una iglesia gótico-mudéjar del siglo XIII, aunque fue reconstruida parcialmente en el XVIII tras el terremoto de Lisboa.
Volvemos a la calle Betis y finalmente llegamos a la plaza del Altozano, que está situada frente al Puente de Triana y es el corazón del barrio: un lugar muy animado, con bares y restaurantes con terraza, en el que se encuentra también el mercado de Triana. En los bajos del mercado están los restos del antiguo Castillo de San Jorge.
Final de la ruta a pie por Sevilla: la iglesia del Salvador
En la última etapa de nuestra ruta, cruzamos el Puente de Triana y recorremos las calles del centro de Sevilla hasta llegar a la iglesia del Salvador.
En el lugar que hoy ocupa la iglesia hubo una antigua mezquita, que fue la más grande de la ciudad hasta que a finales del siglo XII se construyó la mezquita mayor.
Tras la conquista cristiana, esta mezquita se convirtió en la iglesia del Divino Salvador del Mundo. En el siglo XVII, el templo se encontraba muy deteriorado por el paso del tiempo y fue derribado para ser reconstruido.
Así que, en la actualidad, la iglesia del Salvador es una iglesia barroca (que fue sometida a una profunda restauración en el primer decenio de este siglo).
En la iglesia del Salvador hay hasta 14 retablos, con imágenes de Martínez Montañés y Juan de Mena, entre otros conocidos escultores.
El retablo mayor se debe al portugués Cayetano de Acosta. Está considerado como su mejor obra y el último gran retablo del barroco español.
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