Viajar a Escocia: recomendaciones

Escocia

Castillo de Eilean Donan

Un viaje por Escocia es algo con lo que todo viajero sueña, pero que a veces tarda en poner en práctica, si es que llega a hacerlo alguna vez. Le gustaría recorrer esos paisajes tantas veces vistos en el cine y en series de televisión, pero hay cosas que le echan atrás y le empujan a decidirse año tras año por otros destinos: que si los precios caros, que si las malas carreteras (¡y conduciendo por la izquierda!), que si el clima frío y lluvioso… Pues bien, yo era uno de esos viajeros, y por fin me decidí por Escocia. Espero que los comentarios que siguen, basados en mi experiencia, te ayuden a tomar tu decisión. Y a organizar tu viaje.

Qué ver en Escocia

Cualquier viaje a Escocia debe incluir su capital, Edimburgo, una magnífica ciudad que, eso sí, en verano encontrarás abarrotada de turistas. Si no la conoces, resérvale al menos un par de días. Puedes hacerte una idea de lo que encontrarás allí si le echas una ojeada a los comentarios de mi primer viaje a Edimburgo.

A partir de ahí tendrás que diseñar tu ruta por las Highlands (las Tierras Altas) y las Lowlands (las Tierras Bajas). La mía, con Edimburgo como punto de partida y llegada, trazaba sobre el mapa de Escocia una línea que avanzaba en el sentido de las agujas del reloj, pasando al oeste por la isla de Skye, al norte por Inverness y al este por Aberdeen. Puedes verla en el relato de mi viaje por tierras escocesas.

Escocia: Highlands y Lowlands

Las Tierras Altas y las Tierras Bajas

Si divides el mapa de Escocia en dos partes de aproximadamente el mismo tamaño, trazando una línea imaginaria de nordeste a suroeste, tendrás las Highlands arriba y a la izquierda, y las Tierras Bajas abajo y a la derecha. Edimburgo y Glasgow (aterrizarás en una de las dos) quedan al sur, en las Tierras Bajas. Supongamos que vuelas a Edimburgo. Pues bien, muy cerca tendrás Stirling, una antigua ciudad monumental con un castillo que debes visitar (si dejas la visita a Edimburgo para el final del viaje, puedes ir a dormir a Stirling desde el aeropuerto). Luego, empezarás tu largo periplo por la totalidad del país… o por sólo  una parte. Si no quieres cruzarlo de costa a costa (de la isla de Skye a Aberdeen) puedes limitarte a recorrer las Highlands, emprendiendo el regreso al llegar a la altura de Inverness.

En el límite entre las Highlands y las Lowlands, te gustará contemplar el castillo de Doune, conocido por haber servido como escenario para la película Monty Python and the Holy Grail (llamada en español Los caballeros de la mesa cuadrada). Luego, ya en las Tierras Altas, puedes acercarte a Killin para contemplar los rápidos de Dochart. Después pasarás por el impresionante valle llamado Glen Coe: Highlands en estado puro.

Glen Coe

Más allá de Fort William, y antes de llegar a la isla de Skye, tienes que visitar el castillo de Eilean Donan, que, como habrás visto en cientos de fotografías, se levanta en una isla y está unido a tierra firme por un puente. A lo mejor tienes suerte y lo ves con sol, aunque con lluvia no debe resultar menos sugerente.

La isla de Skye, a la que puedes entrar por un puente (sin necesidad, por tanto, de tomar un ferry) merece una visita de al menos dos días. Es algo que yo ignoraba, y sólo tuve un día para recorrerla, por lo que me tuve que limitar a las zonas este y sur. En la isla hay fantásticos paisajes, y también algún castillo. Y muy pocos habitantes. Y pocas plazas hoteleras, lo que significa que deberás reservar con la máxima antelación posible y, probablemente, pagar por la habitación más de lo que imaginas. La capital de la isla es Portree, con sus casas de colores alineadas a lo largo de la orilla. Muy cerca, al norte, están los acantilados conocidos como Kilt Rock. Allí, al lado de la zona acotada de aparcamiento, una cascada que cae directamente al mar desde una altura de 60m.

Kilt Rock

Ya en tierra firme, más al norte, no lejos de la localidad de Ullapool, debes visitar la garganta de Corrieshalloch (Corrieshalloch Gorge) y las cataratas de Measach (Falls of Measach). Se trata de una espectacular garganta de una milla de longitud, con el río y las cataratas al fondo. Un poco más abajo de las cataratas hay un puente colgante, al que se llega fácilmente por un sendero desde el aparcamiento. Otro sendero permite recorrer la garganta, aguas arriba.

Garganta de Corrieshalloch

Luego, de camino a Inverness, cerca del pueblo de Contin, puedes ver las Rogie Falls. Desde el aparcamiento, junto a la carretera, un corto sendero baja hasta el río Blackwater, que en ese tramo se despeña formando las cataratas llamadas Rogie Falls. El espectáculo puede verse (y oirse) desde un puente colgante, como en Corrieshalloch Gorge.

Rogie Falls

Inverness merece también una visita. En particular su centro histórico, y, en él, la Old High Church, la iglesia más antigua de la ciudad, con su cementerio anexo.

Y al norte de la ciudad, en Rosemarkie, te sugiero que des un paseo de 3 km (ida y vuelta) hasta las cascadas llamadas Fairy Glen Falls, por una encantadora ruta de senderismo que atraviesa un valle surcado por un arroyo. La ruta discurre paralela a la carretera, aunque la espesura del bosque impide verla, y, siguiendo la costumbre del país, se inicia en un parking señalizado y muy fácil del encontrar.

Fairy Glen Falls

Si has decidido extender tu recorrido hacia las Tierras Bajas, podrás visitar, no lejos de Aberdeen, los castillos de Fraser y Dunnottar. Tienen muy poco en común. El castillo de Fraser es una lujosa mansión construida en medio de un bosque en el siglo XVI, como residencia de una familia noble. Sus salones y dormitorios conservan el mobiliario de época, y cuenta con sus propias leyendas de fantasmas. Las ruinas del castillo medieval de Dunnottar, por su parte, se alzan en un emplazamiento único: un cabo (o pequeña península) con espectaculares acantilados, al que se accede por una estrecha lengua de tierra. Ningún viajero que pase cerca deja de visitarlo.

Castillo de Dunnottar

Una última sugerencia. Entre Perth y Edimburgo está el lago Leven. En él, frente al encantador pueblo de Kinross, hay una isla, y en la isla un castillo: el castillo de Loch Leven, en el que estuvo presa María Estuardo en el siglo XVI. Allí podrías hacer una última parada antes de volver a Edimburgo. Para ver el castillo desde tierra firme tienes que llegar hasta el extremo de Kirkgate Park.

Cómo organizar el viaje

¿Hay que alquilar necesariamente un coche para recorrer Escocia? Si quieres visitar sólo Edimburgo (y quizá alguna localidad cercana, como Roslin), la respuesta es no: puedes moverte a pie y en transporte público. El coche no te facilitaría las cosas, y te saldría muy caro (por el tema del aparcamiento).

Pero hacer un recorrido por Escocia es otra cosa: hay muchos sitios a los que no podrás llegar si no es en coche. Tendrás que alquilar uno, a no ser que estés dispuesto a limitarte a visitar los lugares a los que puedas acceder en tren o autobús en el tiempo del que dispongas.

Desde diversas ciudades de España hay vuelos directos a Edimburgo y a Glasgow. No te será dificil dificil encontrar el tuyo, a precio muy razonable, utilizando cualquier buscador de vuelos.

El tema de los hoteles es diferente: si vas a viajar en temporada alta, procura reservalos con la máxima antelación. Aún así, los precios que encontrarás, en particular en la capital y en las Highlands, no serán probablemente baratos.

Conducir en Escocia

Capítulo aparte merece el tema de la conducción en Escocia. Conducir por la izquierda no es, por sí solo, un grave problema, pero en Escocia, y en especial en las Tierras Altas, las carreteras son muy estrechas, llenas de curvas y con firme, a veces, en no muy buen estado. Olvídate de que al lado de la calzada hay una cosa que se llama arcén, porque raramente lo encontrarás. Olvídate incluso de que una carretera tiene al menos dos vías, una para los vehículos que van y otra para los que vienen, porque allí son muy comunes las carreteras de single track. Una carretera de single track, por si no lo sabías, tiene una sola vía, que comparten los vehículos que circulan en ambas direcciones. ¿Y cómo se cruzan?, me dirás. Pues tienen que aprovechar los ensanchamientos de la calzada que hay cada cierto trecho, señalizados normalmente con un letrero de Passing place. Si el ensanchamiento está a la izquierda, te corresponde a ti parar y esperar a que pase el otro vehículo; si está a la derecha, tendrá que parar el otro conductor. Normalmente todo funciona como un reloj, y raramente tendrás que retroceder.

Passing place en carretera de vía única

Conducir por esas carreteras no es realmente peligroso, pero es estresante (tomar una curva sin visibilidad en una carretera de vía única impone un poco), y la atención que tienes que prestar a la conducción te impide disfrutar del paisaje como éste merece. Obviamente la mejor solución, si viajan varios, es que se turnen en el puesto de conducción.

Cuándo ir

Razones climáticas nos aconsejan evitar los días fríos y cortos del invierno escocés, pero, por otro lado, los meses de julio y agosto son temporada alta, con precios elevados y demasiada gente en las carreteras y los lugares de interés. Así que tú mismo: si puedes elegir, planifica tu viaje para mayo-junio o septiembre; si no puedes, planifícalo para las fechas de que dispongas 🙂 . Eso sí, debes tener en cuenta que octubre suele ser el mes más lluvioso del año, y que de noviembre a marzo las temperaturas máximas diarias es probable que no alcancen los 10º (en abril no pasarán normalmente de 12º).

Escocia, además de fría, también es lluviosa. En un mismo día puedes tener nubes, lluvia, viento, algo de sol, lluvia otra vez… Vayas cuando vayas, lleva paraguas y ropa de abrigo.

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