Viaje a los incendios de Sanabria

Teníamos ganas de conocer la comarca zamorana de Sanabria, encajada entre León, Galicia y la provincia portuguesa de Trás-os-Montes. En especial nos interesaban la villa de Puebla de Sanabria y el  lago de Sanabria, el mayor lago de origen glaciar de la Península Ibérica, cuya profundidad supera los 50m. El lago y su entorno, por cierto, están legalmente protegidos como Parque Natural del Lago de Sanabria. Legalmente protegidos pero realmente, según parece, abandonados a su suerte.

El 26 de febrero de 2012 llegamos al parador de Puebla de Sanabria, en el que habíamos reservado una habitación a buen precio aprovechando una oferta de 2×1. Al llegar, nos encontramos la sierra ardiendo en varios lugares diferentes. Evidentemente, se trataba de incendios provocados.

El día siguiente pensábamos dedicarlo íntegramente a recorrer y disfrutar el parque natural. Pero a lo largo de la mañana se reavivaron los incendios, aquí y allá. A pesar de ello, nos dirigimos en coche al lago y tomamos la carretera que lo bordea por la izquierda. Nos detuvimos en una de las playas, y luego continuamos hasta Ribadelago, donde termina la carretera. Continuamos a pie por un sendero… Mientras tanto, dos aviones cargaban agua en el lago y la arrojaban sobre la ladera que ardía, como se ve en la foto.

Incendios provocados en Sanabria

El ambiente no era el más propicio para practicar el senderismo. Después de un rato, regresamos al coche y tomamos la carretera en sentido contrario, para rodear el lago por la derecha. Teníamos intención de llegar hasta la laguna de los Peces, montaña arriba. Los incendios llegaban al pie de la carretera, pero seguimos avanzando (como lo que ardía era monte bajo, no eran muy aparatosos). La Guardia Civil brillaba por su ausencia. Al cabo de un rato llegamos a un punto en el que el fuego y el humo atravesaban la carretera. Pensamos que era temerario seguir avanzando, así que dimos la vuelta. En el camino de regreso nos cruzamos con un par de guardias civiles (¿habrían decidido por fin cortar la carretera?). Luego, nos detuvimos en un mirador para contemplar cómo los dos solitarios aviones, más abajo, arrojaban agua sobre la ladera. Junto a nosotros aparcó un todoterreno, del que se bajó un lugareño que estuvo un rato contemplando la evolución de los fuegos y comentándola con alguien por teléfono.

El día 28 era el de nuestra partida. A primera hora de la mañana la situación parecía bastante tranquila, pero según iba avanzando ésta crecían densas columnas de humo aquí y allá. De nuevo, Sanabria ardía por los cuatro costados. Los incendios se veían desde muy lejos. En concreto, nosotros los veíamos a mediodía desde Bragança, en Portugal.

Antes de partir habíamos tenido ocasión de leer un llamamiento de no sé qué autoridad provincial o autonómica para que la gente de la zona denunciara a los incendiarios. También habíamos comentado la situación con alguien de la comarca, que nos explicó que los beneficiarios de los incendios endémicos de Sanabria son los ganaderos, que consiguen mejores pastos, y los lugareños que trabajan en su extinción. La cuestión es: si es tan fácil suponer quiénes provocan los incendios, ¿por qué no se hace nada para evitarlos? Si, durante varios días seguidos, algunas personas se han dedicado a recorrer Sanabria en coche incendiando el monte, ¿por qué, en nuestro viaje del día 27 por la sierra incendiada, no vimos ningún control de la Guardia Civil? ¿Por qué esperar a que alguien denuncie en lugar de ir a buscar a los autores?