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Viajar a Israel: algunas recomendaciones
Por Paco Lozano - destinos: Asia, viajes - 9/ago/2009
A lo mejor llevas tanto tiempo deseando viajar a Israel como yo llevaba, y, como yo hacía, lo vas posponiendo con la esperanza de las cosas se arreglen por allí… Si ese es tu caso, para tí estoy escribiendo estas líneas. En mi caso particular, por fin me decidí a viajar a la antigua Palestina a finales del año pasado. Como no tenía muy claro el tema de los problemas que me iba a encontrar en la zona, de lo que podía y lo que no podía hacerse (o de lo que podría resultar peligroso hacer), etc., decidí apuntarme a un viaje organizado. Y ¿en qué acabo la cosa? Pues acabó así:
1. Estaba yo en Jerusalén, precisamente, cuando comenzaron los bombardeos israelíes de Gaza de diciembre de 2008, y los bombardeos continuaban cuando terminé el viaje y regresé a España. Los palestinos que vivían en Gaza pasaron por una situación terrible en esos días. Pero ni yo ni ningún otro viajero, que se sepa, tuvimos el más mínimo problema, a no ser que se considere un problema que la policía cortara el acceso al Monte de los Olivos cuando íbamos a subir a contemplar desde allí la ciudad de Jerusalén. Así que, mirando el tema desde un punto de vista estrictamente práctico, y dejando al margen posibles consideraciones de índole ética, no creo que haya motivo para que nadie aplace su viaje a Israel en espera de que la situación mejore.
2. Mi viaje tuvo todos los inconvenientes de cualquier circuito organizado y algunos más, específicos de ese destino, que comentaré a continuación. Así que me arrepentí, y mucho, de no haber organizado el viaje por mi cuenta.
Inconvenientes que puedes encontrar en un circuito por Israel
¿No habrás olvidado que la antigua Palestina es Tierra Santa, verdad? A lo mejor es precísamente por eso por lo que quieres viajar allí. A lo mejor no eres un viajero, sino un peregrino… En este caso, lo que sigue no está escrito para tí. Pero si ese no es tu caso, si lo que quieres no es visitar la casa de San Pedro, la carpintería de San José, el lugar donde supuestamente se produjo el milagro de los panes y los peces, el monte de las bienaventuranzas, etc…. ¡Cuidado, porque puedes encontrarte con que una parte importante de tu viaje, incluyendo en esa parte días enteros, consiste precisamente en eso! Fíjate con mucha atención en lo que incluye y lo que no incluye el circuito. Quizá en un primer vistazo no hayas encontrado nada sospechoso, pero busca con cuidado alusiones a las citadas casa de San Pedro o carpintería de San José, al lugar de tal o cual milagro, del Sermón de la Montaña o del bautismo de Jesús… y sabrás con lo que te vas a encontrar. Y luego busca, por ejemplo, alguna alusión a la Explanada de las Mezquitas (el Monte del Templo para los judíos; el lugar desde el que supuestamente Mahoma subió a los cielos para los musulmanes; el sitio en que se encuentran la magnífica Cúpula de la Roca, símbolo de Jerusalén, y la mezquita Al Aqsa, ambas del siglo VII). Busca alguna alusión a la Explanada de las Mezquitas… pero no te sorprendas si no la encuentras. En ese caso, tendrás que investigar si vas a disponer de tiempo libre suficiente para subir por tu cuenta a la explanada. Ciertamente, a los infieles no nos está permitida la entrada a la Cúpula de la Roca ni a la mezquita Al Aqsa, pero… ¿de verdad vas a marcharte de Jerusalén sin haberlas visito de cerca, sin haber puesto los pies en el monte del templo?
Qué ver (y qué no merece la pena ver)
Jerusalén, por supuesto, es el primer objetivo de cualquier viaje a Israel. Es más, desde mi punto de vista puede ser el objetivo único de un viaje a Israel. Puede uno pasarse muchos días recorriendo las murallas de la ciudad vieja, atravesando sus puertas
(como la de Damasco, la de los Leones o la de Sión), recorriendo sus callejuelas… Subiendo a la Explanada de las Mezquitas (lo que sólo puede hacerse en los momentos en que no se realizan allí actividades de culto y después de haber guardado cola y pasado por el control de seguridad) y bajando al Muro de las Lamentaciones (ya que estás allí, si tu sexo es el adecuado
, podrás también acceder a la Sinagoga del Muro; no dejes de hacerlo). Visitando la sorprendente y abigarrada iglesia del Santo Sepulcro, después de haber recorrido las calles que forman la llamada Vía Dolorosa. Recorriendo el Monte de los Olivos, a los pies del cual está la llamada Tumba de María…
No pretendo hacer una relación exhaustiva de las cosas que merece la pena ver en Jerusalén, para eso están las guías de viaje. Sólo diré una cosa más: el período de tiempo que pases en Jerusalén debe incluir un sabbath. Baja ese día al Muro, recorre las calles del barrio judío, y serás testigo de escenas que no vas a olvidar en tu vida.
Fuera de Jerusalén, aunque muy cercano a ella, está Belén. Esta ciudad árabe pertenece, como es sabido, a los Territorios Palestinos, y para visitarla hay que atravesar el Muro de Cisjordania. Salvo que seas palestino, no deberías tener problemas para entrar y salir.
La zona del Mar Muerto puede visitarse también desde Jerusalén. Puede resultar bastante barato hacerlo en taxi (por supuesto, hay que negociar el precio previamente).
Galilea es la zona por excelencia del turismo religioso. Si eres un viajero y no un peregrino, puedes prescindir de visitarla. ¿Qué hay en Galilea que merezca la pena? Allí está la ciudad antigua de Beit She’an, con un teatro romano, los restos de unos baños y una avenida de columnas; en Cafarnaúm pueden verse los restos de una lujosa sinagoga de época romana; cerca de Nazaret están las ruinas de la antigua Séforis (Tzipori o Zippori), que yo no pude ver porque para los circuitos, al menos para los de lengua española, es como si no existieran… Y, que yo sepa, eso es (casi) todo. Los paisajes no son especialmente notables. El Jordán es simplemente un río. No creo que pueda decirse que el llamado Mar de Galilea sea particularmente interesante, y, en su orilla occidental, la ciudad de Tiberíades es una fea localidad de vacaciones a la que los israelíes acuden para tomar los baños. Y estoy de acuerdo con LonelyPlanet.es en que “Nazaret, donde Jesucristo pasó su infancia, constituye el destino de numerosos peregrinos, pero no ofrece grandes puntos de interés turístico“.
La costa mediterránea de Israel sí cuenta con algunos lugares de interés, el principal de los cuales es Acre, en el extremo norte. Acre es una interesante ciudad árabe con una larguísima historia, que incluye el período en que se convirtió en la ciudad-fortaleza cruzada de San Juan de Acre. Hoy en día, se visita, entre otras cosas, la llamada ciudad cruzada subterránea, una serie de salas y pasadizos que en su día pertenecieron a los caballeros hospitalarios.
También merece la pena ver los restos romanos de Cesarea Marítima, emplazados al borde del Mediterráneo (incluso dentro de él).
Y, por supuesto, no está de más pasear por Tel Aviv y Jaffa, el primitivo núcleo de población que dio origen a la ciudad moderna.
Cómo organizar el viaje
Después de haber estado allí, creo que lo que debería haber hecho (y lo que haré la próxima vez, porque creo que habrá próxima vez) es organizar el viaje por mi cuenta. Veo dos opciones que merezcan la pena:
- la primera consistiría en dedicar el viaje a Jerusalén, para lo que bastaría con reservar vuelo y hotel. En Jerusalén habría que buscar un hotel cercano a la ciudad vieja (ver hoteles en Israel), y habría que hacerlo con cuidado, teniendo en cuenta las opiniones de quienes se hayan alojado allí con anterioridad, porque la hostelería, según mi experiencia, no es precisamente el punto fuerte del país (por decirlo suavemente). Desde Jerusalén podrían visitarse Belén y la zona del Mar Muerto. No hay necesidad de alquilar un coche.
- La segunda, si se dispone de más tiempo (y de más dinero), consistiría en añadir a la opción anterior un viaje de ida y vuelta hasta Acre, por la costa mediterránea. Para ello podría alquilarse un coche. No habría que entrar en ningún momento en los Territorios Palestinos, por lo que no debería haber problemas con el coche de alquiler. El recorrido que propongo, Tel Aviv-Cesarea Marítima-Haifa-Acre y vuelta a Tel Aviv, podría realizarse tranquilamente en un par de días.
Si quieres alguna información adicional, puedes echarle una ojeada a los relatos de mi viaje a Jerusalén y al resto del territorio de Israel y Palestina.
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El cierre de la puerta del Santo Sepulcro
Por Paco Lozano - destinos: Asia - 7/ene/2009
Todos los días del año, al atardecer, tiene lugar en Jerusalén una curiosa ceremonia: el cierre de la puerta del Santo Sepulcro. Se trata de un ritual muy antiguo, que pone de manifiesto lo mal que se llevan entre sí las distintas comunidades cristianas con presencia en la basílica. Las principales de estas comunidades son la latina (representada por los franciscanos), la ortodoxa y la armenia, y estas son precisamente las que protagonizan la ceremonia diaria del cierre de la puerta.
Como paso previo, se coloca una escalera apoyada en la puerta. Entretanto, los últimos visitantes son desalojados del templo… Pero no todos: desde fuera puede verse que dentro queda un franciscano. También un pope… Sí, hay un representante de cada una de las iglesias. Y llegan unos muchachos con bolsas de comida, que introducen en la basílica. Está claro que los monjes van a pasar la noche dentro. Uno de cada comunidad, porque ninguna se fía de las otras.
¿Y qué comunidad es la depositaria de las llaves? ¡Ninguna! A la hora fijada para el cierre llega un musulmán, perteneciente a una ilustre familia que tiene asignada esta función desde tiempos remotos. La puerta se cierra, el musulmán se sube en la escalera (la cerradura está muy alta) y hace girar la llave. Luego, el musulmán introduce la escalera a través de una trampilla que hay en la puerta. Se cierra la trampilla, y el guardián de la llave se aleja: los monjes han quedado encerrados en el interior, con las bolsas de comida y con la escalera. Nadie podrá abrir la puerta hasta que, a la mañana siguiente, acuda el musulmán con la llave y los monjes le devuelvan la escalera a través de la trampilla.

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