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Dónde viajar en febrero

Todos los meses del año son buenos para viajar siempre que sepa elegirse el destino adecuado. ¿Dónde viajar en febrero? Las regiones más septentrionales del planeta todavía están en estas fechas inmersas en el frío y la oscuridad del invierno, así que es más conveniente apuntar a otras latitudes.

Europa

En Europa, los aficionados a los deportes de invierno encontrarán su paraíso en las estaciones de esquí de Francia, Austria, Italia, Suiza, Andorra y España. Y quienes anhelen la luz y el calor del sol pueden optar por Malta, el Algarve portugués o las costas andaluzas, libres en estas fechas de los agobios y los precios elevados de la temporada alta.

Dónde viajar en febrero: Malta

La Valeta, Malta

Asia

En Asia hay muchos destinos recomendables para este mes: Filipinas, la India y Myanmar (Birmania), que están libres de tifones. También Laos, Nepal, Tailandia, Sri Lanka… y, por supuesto, las Maldivas.

África

En África también hay muchos destinos apetecibles en febrero, que es un buen mes para viajar a Marruecos o al Senegal antes de que llegue el calor, a Costa de Marfil, que todavía en este mes puede visitarse con tranquilidad, y también a Tanzania, que en esta época del año goza de un clima amable, cálido y seco. Y, para quienes busquen un viaje más exótico, a Uganda, donde está la fuente del Nilo. Uganda ha sido elegida por Lonely Planet como primero de los 10 top destinos, a nivel mundial, para 2012.

A evitar: Madagascar, que está en la temporada de huracanes.

América

Febrero es un buen mes para viajar por América Central y del Sur y por el Caribe. También por México. Como destinos recomendables para este mes citaré, por orden alfabético, los siguientes: Argentina, Belice, Chile y la isla de Pascua, Costa Rica, Cuba, Guadalupe, Ecuador (la selva está en la estación seca), Guatemala, Martinica, México, República Dominicana, Uruguay y Venezuela. Y, para quienes pretendan practicar el buceo, las islas Galápagos (que están en la estación de las lluvias, en la que el agua alcanza su mayor temperatura).

Oceanía

Febrero es un buen mes para viajar a Nueva Zelanda. La temperatura es agradable y las vacaciones escolares ya han terminado.

Y el que quiera probar con un pais alejado de los ciucuitos turísticos puede viajar a Micronesia. Allí la temperatura ronda los 27º C durante todo el año, pero la humedad es menos intensa durante el verano austral.

Dónde ir de viaje en febrero

Estas son mis propuestas, contrastadas con las recomendaciones de las guías de viaje. ¿Cuáles son las tuyas? ¿Dónde recomendarías tú viajar en febrero?

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Conducir por la izquierda

Nunca había conducido por la izquierda, y confieso que le tenía cierto miedo. Cuando, hace cuatro años, pasé unos días en Edimburgo, descarté la opción de alquilar un coche, porque había leído que uno tarda cuatro días en acostumbrarse a conducir al revés :) , y yo no contaba con muchos más. Pero estas navidades me decidí: ocho días en Malta dependiendo del transporte público me parecía demasiado tiempo, así que alquilé un coche.

Sí, dije Malta. ¿No serás de los que piensan que sólo se conduce por la izquierda en el Reino Unido y en Irlanda…? En Europa, además, conducen por ese lado en Chipre y Malta. Y en el mundo, en muchos otros países: se conduce por el lado izquierdo en toda el África suroriental, en la práctica totalidad de Oceanía y también en una larga serie de países de Asia (entre los que se cuentan Japón y la India) y de América Central y del Sur.

Conducir por la izquierda

Pues bien, he comprobado que conducir por la izquierda es, en realidad, tan fácil (o tan dificil) como hacerlo por la derecha. No sé a quién se le ocurriría lo de los cuatro días de adaptación, pero no estoy de acuerdo en absoluto: cuando coges el coche por primera vez tienes que ir especialmente atento para evitar que tus reflejos te jueguen una mala pasada; cuando lo coges al día siguiente te sientes perfectamente a gusto.

Algunos consejos

Uno de los inconvenientes de conducir por la izquierda es el de tener que manejar con la mano izquierda la palanca de cambios (al estar el volante a la derecha, la palanca queda a la izquierda del conductor). Pero puedes obviar ese inconveniente alquilando un coche con cambio automático, como yo hice. Hay quien aconseja alquilar en todos los casos un coche con cambio automático. Yo sólo lo aconsejo para quienes hayan conducido con anterioridad un coche de este tipo. Para mí fue mucho más difícil, incomparablemente más difícil, acostumbrarme a conducir un coche con cambio automático que hacerlo a conducir por la izquierda. Lo primero que tendrás que hacer, si alquilas un coche con cambio automático, es averiguar cómo funciona. El tipo del mostrador no va a acompañarte al parking para explicártelo, y serías muy ingenuo si confiaras en encontrar en la guantera del coche un libro de instrucciones en español (o incluso en cualquier otro idioma). Y, cuando hayas averiguado cómo funciona el vehículo, tendrás que luchar durante mucho tiempo contra el reflejo que hará a tu pie izquierdo buscar el pedal del embrague (y encontrar, en su lugar, un pedal de freno de grandes dimensiones). Si pisas el pedal a fondo (es lo que se hace con el embrague), puedes imaginar lo que ocurrirá. Yo no tengo que imaginarlo, lo sé por experiencia.
Así que, si has conducido alguna vez un coche con cambio automático, no lo dudes: alquila uno de ese tipo. Pero si no lo has hecho, confórmate con uno  manual; dicen los que han tenido que hacerlo que no resulta tan difícil cambiar de marcha con la mano izquierda.

Las rotondas, y Malta está  llena de ellas, no suponen ningún problema. Si vas conduciendo por la izquierda, entrarás de modo natural en la rotonda por la izquierda (es decir, la tomarás en el sentido de las agujas del reloj). Y, por supuesto, mirarás hacia la derecha para ver si vienen otros vehículos (¿adónde ibas a mirar si no?). Y algo similar puede decirse de cualquier intersección.

En lo único que yo encontré cierta dificultad fue en calcular la distancia del vehículo al borde izquierdo de la calzada. Los que estamos acostumbrados a conducir desde el lado izquierdo del coche perdemos un poco la noción de las distancias al hacerlo desde el lado derecho, y tendemos a arrimarnos demasiado a la izquierda. Ojo, por tanto, con las curvas a ese lado, ya que puedes golpear el bordillo de la acera con la rueda trasera (créeme, puedes hacerlo :) ). Procura dejar siempre suficiente espacio a tu izquierda.

Y tranquilo, que si conduces bien por la derecha lo harás igualmente bien por la izquierda.

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Los inconvenientes de viajar a Marruecos

Marruecos, además de ser un destino tan cercano (geográficamente) para los españoles, es un país con gran potencial turístico. No sólo es el destino exótico que tenemos más a mano, sino que también cuenta con una extensa costa, hasta hace poco tiempo prácticamene virgen (aunque ya está siendo arrasada por las excavadoras y poblada de urbanizaciones y otras construcciones dirigidas al turismo). Pero el país, por desgracia para sus habitantes pero también para el viajero, sigue presentando una serie de inconvenientes que impiden a éste sentirse a gusto y le quitan las ganas de volver.

Inconvenientes de viajar a Marruecos

Hay algunos inconvenientes que considero admisibles. Por ejemplo, el que no permitan el acceso de los viajeros a las mezquitas y otros lugares de culto. Ojo, que esta prohibición no es común a todos los países musulmanes: en Siria, Turquía o Uzbekistán, por ejemplo, sí puede entrarse en las mezquitas; pero me parece hasta cierto punto lógico, desde su punto de vista, que impidan el acceso de infieles a sus lugares sagrados. Tener que comer con agua, porque no sirven cerveza ni vino en la gran mayoría de los restaurantes, es otro inconveniente que también puedo admitir. Tener que rellenar una larga ficha cada vez que te inscribes en un hotel, una ficha en la que deben figurar no sólo tus datos (nombre, fecha de nacimiento, dirección, número de pasaporte, etc.) sino también tus movimientos (de dónde vienes y adonde vas) y el código individual que te asignaron al sellarte el pasaporte a la entrada del país, es un latazo, pero tiene un pase en este mundo orwelliano en que vivimos (ya sabes de qué hablo: 1984, el Gran Hermano que siempre te vigila).

Pero, en cambio, el comportamiento de muchos de los que se buscan la vida a costa de los turistas no es admisible. Yo he viajado cuatro veces a Marruecos, la última hace sólo unos días. La anterior había sido en 2004, cuando estuve en Marrakech y en la ruta de las kasbahs. Entonces escribí:

Marrakech ha cambiado mucho en los últimos años. Era una ciudad maravillosa, mágica, anclada en tiempo, en cuyas calles vendedores de todo tipo y falsos guías acosaban a los extranjeros hasta abrumarles. Según las estadísticas, pocos viajeros repetían la visita, así que las autoridades decidieron tomar cartas en el asunto. Hoy, Marrakech se ha convertido en una ciudad acogedora, que el visitante puede recorrer sin sentirse agobiado en ningún momento (1).

Pues bien, me temo que ese cambio fue sólo un espejismo, y que las cosas andan ahora por donde solían. Hoy, la gente que vuelve de Marrakech habla del acoso de vendedores y similares, que llegan a insultar a los viajeros que hacen caso omiso de sus requerimientos. En mi reciente viaje yo no he estado en Marrakech, sólo en la mitad norte del país. Pero en Fez, en Tánger, etc. he sufrido el acoso, los engaños y los malos modos de toda esa gente que pulula en torno a los turistas. Empezando por los guías.

En efecto, yo había ido en un viaje organizado, vía Algeciras-Ceuta (hay países en los que viajar de forma independiente puede acaerrearte ciertos problemas que, en este caso, yo quería evitar). Pues bien, el guía que me tocó en suerte, un tal Abdul que decía ser de Tetuán, podría ser considerado como el prototipo del mal guía. Aparte de darnos la tabarra con las bondades de Su Majestad Mohamed VI, del que llegó a decir que era el rey de los pobres :D :D :D , y con las bondades no menos evidentes del Islam, dedicaba todos sus esfuerzos y las habilidades adquiridas tras años de práctica a llevarnos una y otra vez de tiendas (tiendas enfocadas a los turistas en las cuales todo era mucho más caro que las tiendas ordinarias). Y a la hora de comer se las arreglaba para, con el pretexto de no perder tiempo, llevarnos a todos a un restaurante elegido por él (¿hace falta que explique por qué?).

El colmo fue cuando el último día, en Tánger, justo antes de emprender el camino de vuelta hacia España, nos llevó a comer a un cuchitril llamado Stop Hamburger (que, a pesar de su nombre, no es lo que nosotros entendemos por una hamburguesería). Como no lejos de ese cuchitril hay otros sitios para comer mucho más agradables, mi mujer y yo le dijimos que íbamos a comer por nuestra cuenta, lo que, a juzgar por su comportamiento posterior, parece que no le sentó nada bien. Quedamos a las 3 en la puerta de Stop Hamburger. Pero, para nuestra sorpresa, a las 3 no había nadie en el lugar de la cita. Preguntamos a los camareros del local y nos dijeron que Abdul se había marchado hacía un cuarto de hora y que no había dejado ningún recado para nosotros. Decidimos darle un margen de tiempo y, a las tres y cuarto, llegó su ayudante para conducirnos a pie al lugar en que íbamos a reencontrarnos con el autobús.

¿Crees que el guía nos pidió disculpas? ¿Que nos dio explicaciones? Pues no. Muy al contrario, cuando se las pedimos se insolentó con nosotros, demostrando que, como le dijo mi mujer, era muy educado. ¿Qué había pasado? Pues que Abdul había decidido llevar de tiendas, por última vez, al personal. En este caso se trataba de una pastelería. No era cosa de perder la última comisión.

En Marruecos, los vendedores te acosan pero, si les dices que no con la suficiente firmeza y poniendo cara de póker (¡ni se te ocurra sonreírles!) suelen dejarte tranquilo. Otra cosa son los falsos guías. En la kasbah de Tánger encontramos (más bien nos encontró él a nosotros) uno que resultó ser infatigable. Aunque le habíamos dejado claro que no queríamos su compañía, nos siguió por toda la medina, después de haber intentado infructuosamente meternos en una callejuela que iba en dirección contraria a la que llevábamos (“este es el camino de los coches -nos dijo-, pero para ir andando es muy largo; tenéis que tomar la calle de la derecha…”). ¿Qué pretendía? En el mejor de los casos,  llevarnos a alguna tienda. En el peor… no quiero ni imaginármelo, porque estábamos en un lugar no muy recomendable y la callejuela no conducía precisamente al centro de la ciudad. De vez en cuando, nuestro indeseado acompañante desaparecía para volver luego a aparecer. En una de esas ocasiones se nos acercó un muchacho, otro falso guía. Él le llevó aparte, le dijo algo (“estos son míos”, supongo), y el muchacho se quitó de enmedio.

En los zocos (y también fuera de ellos), los vendedores te ofrecen probar sus productos. Pero hay un problema: si les compras, pueden no darte lo que has probado, sino otra cosa de muy inferior calidad (había escrito no te dan lo que has probado, pero he rectificado porque no quiero generalizar). Una cosa es hacerle la cara a la fruta que se muestra en el puesto del mercado, por ejemplo. Eso se hace en cualquier país. Otra muy distinta darte a probar una nuez de calidad aceptable y, cuando compras, entregarte un cucurucho de nueces de las cuales la mitad están secas y la otra mitad amargan. Eso nos pasó a nosotros en el zoco de Fez. Cuando un vendedor ambulante pretendió hacernos la misma jugada con unos cacahuetes en Assilah ya no picamos.

En fin, puede que todo esto cambie algún día. No creo que lo veamos nosotros, pero a lo mejor lo ven nuestros nietos :) . Entonces, el desarrollo turístico de Marruecos será imparable.

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